La ciudad es un organismo complejo producido por la sociedad que la habita. La ciudad es la mayor obra de arte que se ha creado en sociedad, un arte sin actores, anónimo y colectivo. Desde la antigüedad hasta nuestros días pueden leerse valores, creencias y modos de vida de quienes la habitaron, su economía, su religión, su cultura, sus conflictos.
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Foto: https://www.tomorrow.city/es/neom-arabia-saudi/
Los utopistas urbanos decimonónicos
La ciudad es un organismo complejo producido por la sociedad que la habita. La ciudad es la mayor obra de arte que se ha creado en sociedad, un arte sin actores, anónimo y colectivo. Desde la antigüedad hasta nuestros días pueden leerse valores, creencias y modos de vida de quienes la habitaron, su economía, su religión, su cultura, sus conflictos. No ha existido otra obra tan completa, tan representativa, tan expresiva de la vida de la sociedad como son las ciudades. Las ciudades han sido, y son, el principal elemento articulador de la sociedad y en ella se expresan las principales transformaciones que, inexorablemente, han ido generando maneras distintas de producir ciudad.
La Revolución Industrial (proceso de transformación económica, social y tecnológica más importante de la humanidad desde el Neolítico, que se inició en la segunda mitad del siglo XVIII en Gran Bretaña y que concluyó a mediados del siglo XIX), constituyó el paso de una economía rural (agrícola) a una economía de carácter urbana, industrializada y mecanizada. Planteada en esos términos, tal revolución colisionó con problemas estructurales tales como: la oposición campo-ciudad, la movilidad de la población residencia-trabajo-residencia, la carencia de servicios sociales básicos, la segregación social dentro de las ciudades, entre otros.
Las respuestas urbanas a tales procesos fueron impulsadas por los “socialistas utópicos” de finales del siglo XIX, que pregonaban un nuevo tipo de relaciones sociales: la sociedad emergente no se debía crear en el seno de las ciudades industriales existentes -tal como propugnaban Marx y Engels-sino en un nuevo tipo de asentamiento urbano en el que cohabitarían todas las funciones del hombre libre. Estos primeros pensadores -como Fourier y Owen- promueven una sociedad más igualitaria en la que la riqueza sea distribuida de manera equitativa, donde el interés colectivo sea punto de partida para tal transformación.
En ese marco surge el primer dispositivo de “arquitectura como unidad social”, el “Falansterio” -de Charles Fourier (1829)-. Se trataba de comunidades rurales autosuficientes como base de la transformación social, donde cada individuo trabajaría de acuerdo con sus pasiones. Fourier planteaba que estas comunidades estarían compuestas por 1600 personas, que vivirían en un edificio con todos los servicios colectivos. Para Fourier, el Falansterio constituye “un descubrimiento social para evitar la mala salud, unir vertical y horizontalmente en el espacio y en el tiempo a todas las actividades y operar como centro social del conjunto”.
Entre esos debates contestatarios surge la “Ciudad Lineal” de Arturo Soria (1882), una experiencia que puso de manifiesto la preocupación del momento por humanizar las ciudades, con instalación de la vivienda obrera dentro de la ciudad y en idéntica jerarquía que la residencia burguesa. La propuesta consistía en organizar una urbanización a lo largo de una arteria estructurante, que podía prolongarse indefinidamente y por la que circulaba la línea de tranvías. De esta manera, se situaba a la ciudad en estrecha relación con el campo y cada parcela en igualdad de oportunidades. Tales ideas han seguido reverberando hasta hoy en las miradas disciplinares.
La estrategia NEOM, una ciudad futurista
NEOM es un megaproyecto urbano que se está desarrollando en la provincia de Tabuk, en el noroeste de Arabia Saudita, que incluiría una ciudad lineal, un centro de esquí en el desierto, un complejo industrial flotante, un resort turístico de lujo. Incorpora el uso de inteligencia artificial y da cuenta de: una sociedad vibrante, una economía expansiva y una nación ambiciosa. Contará con 5 regiones: “Magna” (golfo residencial), “Oxagon” (puerto de ultramar), “Sindalah” (isla de hotelería), “Trojena” (centro de esquí en el desierto) y “The Line” (ecociudad, de 170 km de longitud).
En efecto, “The Line” es una ciudad lineal para albergar a 9 millones de personas en 2045. Estará dotada con infraestructura avanzada de transporte (tren de alta velocidad) y defina por dos tiras de 500 metros de altura, espejadas, que recupera las nociones de autosuficiencia de Arturo Soria y de los utopistas urbanos decimonónicos. Los cinco principios fundamentales de la ciudad son los siguientes: la conectividad, la comunidad, la tecnología, la naturaleza y la sustentabilidad. Más que por los resultados que ofrece, resulta sugerente por las preguntas que recupera.
Su objetivo es tender hacia la resiliencia, con capacidades para resistir, anticiparse y adaptarse a cualquier cambio que afecte al ecosistema urbano, abordando la gestión de recursos, de residuos y de uso de energías renovables para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Su reto es alcanzar un escenario equilibrado y sustentable, con nuevas herramientas para mitigar la contaminación, la explotación de los recursos no renovables y trabajar con energías alternativas. En miras de tener un hábitat mejor, plantea la construcción de un ambiente sustentable.
En efecto, el urbanismo sin memoria produce ciudades sin futuro y la ciudad, por ende, debe conectar con los recuerdos, con la historia, con la identidad, con la comunidad y, además, conectar con el ambiente. Las ciudades no solo son lugares en el espacio sino -también- son historias en el tiempo. En ellas perviven a través del tiempo lugares con significación donde la memoria y la identidad aparecen entrelazadas. Como indicio de una nueva era de lo urbano, “The Line” expresa nuevas formas de organización del espacio y la sociedad donde, en tiempos de nuevas manifestaciones del territorio, expresa un cambio sustancial de la vida en sociedad.
Hoy, para producir ciudad reconocemos -lo que denominamos- cuatro urbanismos: (a) el urbanismo de la reglamentación, donde prevalece la lógica normativista para orientar el crecimiento desde la regulación funcional de usos del suelo y morfologías urbanas; (b) el urbanismo de la especulación, orientado a una lógica de mercado, entendiendo al suelo como bien de cambio; (c) el urbanismo de la celebración, impulsada por la regeneración de tejidos desde la gentrificación; y (d) el urbanismo de la esperanza, donde lo que prevalece es la lógica de la resistencia, de la rebeldía, de lo cotidiano, para una producción social del hábitat popular. De modo que nos encontramos en un laberinto que reproduce patrones «insanos» de ciudad y que requiere salir por arriba.
Norman Foster señala que: “Las ciudades serán tan buenas como sus propios líderes lo sean”. Y “The Line” da cuenta de ello, abordando desafíos estructurales del campo del urbanismo: la compacidad espacial, la complejidad funcional, la consolidación identitaria, la des-segregación socio-urbana, la infraestructura físico-social, la transición ecológica, la movilidad activa, la producción sostenible, la densificación conducida. La ciudad tiene que poder crecer y para tal crecimiento requerirá afrontar complejos procesos. De modo que para un desarrollo urbano incluyente, equitativo y sustentable se requiere transitar hacia un escenario de co-creación colectiva.
Dr. Guillermo Tella – Julio 2024
